1. Preparación del juicio.
- El juicio no comienza el día de la audiencia.
- Comienza mucho antes con el análisis del expediente y la confección de la teoría del caso, entendida como la definición clara de los hechos que serán llevados a debate, la prueba que los sustenta y la forma en que serán expuestos en audiencia.
- Esa preparación organiza el sentido del juicio, orienta la producción de la prueba y condiciona el desarrollo del debate ante el tribunal.
- Cuando el caso lo requiere, trabajo con peritos y consultores especializados, integrados a la estrategia del caso y al enfoque del debate.
2. Audiencia de juicio.
- La audiencia es el espacio donde el caso se desarrolla públicamente y donde se pone a prueba todo el trabajo previo.
- No es una instancia de improvisación ni de apuesta. Al juicio se llega con un escenario analizado, con hipótesis de resultado reales y con una planificación construida con meses de anticipación.
- La intervención exige control del ritmo del debate, conducción del examen y contraexamen de testigos, lectura permanente del tribunal y capacidad de respuesta inmediata frente a lo que ocurre en sala.
- Mi actuación en esta etapa es personal y directa, con presencia constante en audiencia y conducción integral del caso hasta su definición.
3. Presencia personal.
- No delego la intervención en juicio.
- La preparación del caso y la actuación en audiencia son parte de una misma responsabilidad, que asumo de manera personal.
- Ese modo de trabajo exige tiempo, estudio y una preparación cuidadosa, muchas veces artesanal.
- Por esa razón no acepto causas en etapa de instrucción: la dedicación que requieren las situaciones cautelares y el trámite inicial del proceso es incompatible con el nivel de preparación que demanda el juicio.
- La audiencia es la parte visible.
- El trabajo decisivo ocurre antes.